
La crisis que no cesa solo trae parón económico, desempleo e incertidumbre: está también sembrando la semilla de la llamada distopía, o antiutopía. Si la utopía es la búsqueda de un ideal imposible, ladistopía es un lugar lleno de dificultades y sin esperanza. Y según el Foro Económico Mundial, las actuales corrientes fiscales y demográficas amenazan con “dar la vuelta a los avances conseguidos a través de la globalización y provocar la emergencia de una nueva clase de Estados críticamente frágiles: países que fueron ricos en el pasado y que son víctimas de la ausencia de ley y de levantamientos en la medida en que no son capaces de cumplir sus obligaciones sociales y fiscales”.